El cobre vuelve a tomar protagonismo en la Argentina y abre una etapa de inversiones en energía e infraestructura

Después del cierre de Alumbrera, el país quedó fuera del mapa cuprífero global. Hoy, una nueva generación de proyectos volvió a poner al cobre en el centro de la agenda económica y energética. Son seis desarrollos de gran escala, distribuidos entre San Juan, Salta y Catamarca, que en conjunto movilizan más de USD 30.000 millones y proyectan una producción capaz de superar 1,5 millones de toneladas hacia 2035.

El Pachón es el proyecto más grande y uno de los más longevos, con una inversión que supera los USD 10.000 millones. Josemaría avanza en construcción dentro del Distrito Vicuña, un corredor binacional que articula logística y recursos con Chile. Filo del Sol, también en la cordillera, se perfila como un yacimiento de clase mundial y prevé una primera etapa de inversión cercana a los USD 7.000 millones.

En Salta, Taca Taca suma más de USD 5.000 millones y una vida útil de tres décadas. Los Azules incorpora tecnología de lixiviación para producir cátodos y responde a la demanda de la industria automotriz. MARA completa el conjunto con una inversión de USD 4.000 millones y aprovecha infraestructura existente para reducir costos.

Las proyecciones exportadoras son contundentes. Hacia mediados de la próxima década, las ventas externas de cobre podrían superar los USD 17.000 millones anuales. El país ya figura entre los principales destinos de inversión exploratoria y cuenta con leyes de mineral competitivas, un factor que lo diferencia de productores tradicionales con yacimientos más maduros.

La combinación de recursos geológicos, precios internacionales altos y un marco regulatorio orientado a grandes inversiones sostiene el interés de capitales globales.

El cobre es un insumo central para la transición energética. Su demanda crece por la expansión de redes eléctricas, la electrificación del transporte, el almacenamiento y la infraestructura digital. En este escenario, China observa a la Argentina con atención.

El país asiático es el mayor consumidor de cobre del mundo y busca asegurar suministro para su industria eléctrica, de baterías y de movilidad. Además de su presencia en minería, China financió obras hidroeléctricas de gran escala y proyectos solares y eólicos en la Argentina, y evalúa oportunidades en transmisión y almacenamiento.

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