Uruguay ha vuelto a consolidarse como el líder indiscutido de la transición energética en América Latina al reportar que el 96,7% de su matriz eléctrica durante el primer mes de 2026 provino de fuentes renovables. Este hito, impulsado por una combinación estratégica de energía eólica, hidráulica y biomasa, no solo garantiza la soberanía energética del país vecino, sino que le permite posicionarse como un exportador neto de “energía limpia” hacia Argentina y Brasil.
El modelo uruguayo demuestra que con una planificación estatal a largo plazo y un marco normativo estable para la inversión privada, es posible descarbonizar la red eléctrica casi en su totalidad, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles y estabilizando las tarifas para el sector industrial.
El mix ganador Eólica y biomasa a la cabeza: El reporte detallado de la Administración Nacional de Usinas y Trasmisiones Eléctricas (UTE) revela que la energía eólica aportó el 43% del total, consolidándose como el pilar del sistema. La biomasa, con un 17%, juega un rol fundamental al brindar estabilidad y despacho firme, complementando la variabilidad del viento.
Esta diversificación ha permitido que, incluso en períodos de menor caudal en las represas hidroeléctricas (que aportaron un 32%), el sistema mantenga niveles de sostenibilidad superiores al 90%.
Para Uruguay, el desafío de la generación ya está prácticamente resuelto, lo que le permite avanzar ahora hacia la “Segunda Transición”: la electrificación del transporte y la producción de hidrógeno verde a gran escala.
Lecciones para el mercado eléctrico argentino: La performance uruguaya es seguida de cerca por los operadores argentinos, especialmente en un contexto donde el país busca ampliar su parque de generación renovable bajo el régimen de libre mercado (MATER). El éxito trasandino radica en la complementariedad de sus fuentes y en una infraestructura de red robusta que soporta la intermitencia.
Mientras Argentina avanza en proyectos de cobre y litio para la transición global, el espejo de Uruguay recuerda que la transformación de la propia matriz eléctrica es el primer paso para ganar competitividad internacional y cumplir con los compromisos climáticos globales para 2030.